jueves, 5 de noviembre de 2020

El Día D

Esa tortuga me la regalaron cuando tenía 3 años, me la regaló mi hermano, bueno, mi hermanastro. Ese infeliz de mierda me regaló su tortuga después de haberla tenido 7 años, y me la dio justamente porque a mí no me gustan las cosas usadas.

Ya han pasado 10 años de aquello, y la tortuga irónicamente sigue viva, y se encuentra en mejores condiciones que él. Al fin tengo la edad suficiente para hacerme cargo de mis asuntos. Por lo que usando el mismo cuchillo que empleó mi padre contra mi madre, apuñalé a mi hermano hermanastro en el tórax reiteradas veces. Claro que lo hice de frente, puesto que yo no ando con cosas por la espalda. 

Mientras él alucinaba y suplicaba por su vida, con mi mano le cerré los párpados y en la comisura de los labios le di un beso de buenas noches. Me quedé un rato ahí, sintiendo como con cada segundo se helaban más y más. Me quedé hasta que de su boca comenzó a salir el olor de su alma, asquerosa como él mismo. 

¿Sabían ustedes que el alma de una persona se demora aproximadamente veintiún minutos en dejar el cuerpo humano? Un minuto por cada gramo. No estoy seguro cuánto tiempo pasó desde que empezó a salir, pero corrí en busca de la botella de Coca-Cola vacía que bebimos en el almuerzo, y la puse en su boca. El interior se comenzó a llenar, mientras la botella vibraba, como si su ser quisiera escaparse del sufrimiento eterno que le deparaba. ¿Saben por qué? Porque le iba a vender su alma al diablo. La única persona que paga por cosas de mierda.

Después de llamarlo por teléfono y acordar un punto de encuentro, me cambié de ropa y me puse algo más decente. Y partí, con la botella en la mochila.

Al encontrarnos en el andén del metro Santa Lucía, me preguntó qué es lo que quería a cambio, además de preguntarme la procedencia del alma. Sin dudarlo, le conté.

—Así que soy el único que paga por cosas de mierda. —dijo riendo. Tomó el nuevo cuerpo de mi hermano hermanastro, y lo lanzó al cielo. Acto seguido, me agarró la mano y de su boca salió la siguiente oración:

—Lamento informarte que lo que hiciste por conseguirla fue un asesinato, y esto cambia el rumbo del destino. Por ende, debo decirte que te has casado con la muerte, y no tienes derecho a divorcio.

En ese instante desaparecimos del andén.

Al verla me sorprendí, es más, estuve a punto de reír, pero me contuve. 

Con esos ojos pequeños la muerte me miró, y esbozó una irónica sonrisa. Ahí logré entender que la muerte me ha acompañado toda la vida. La muerte es una tortuga.

sábado, 10 de octubre de 2020

Tintas y Papeles

    El lápiz solitario estaba sobre el estante, el estuche se había ido de vacaciones con la mochila. El lápiz desde su posición miraba los libros de crímenes con deseo, pero estos lo miraban de vuelta y le decían entre diversas páginas, que ya estaban casados. El lápiz muy triste, pensando en esos días en que estaba dentro del estuche, decide mirar por la ventana buscando algo donde impregnar su tinta. Pasaron horas, pero para el pasaron días, cuando se abre la puerta de la habitación; aparece el humano, y a una esquina de esta lanza su mochila. Este último le dice al lápiz -Tranquilo, yo también noté que el estuche te es infiel, así que te traje un regalo-. El humano saca de su bolsillo una libreta negra tapizada en cuero, todos los libros la miran. La mochila abre su cierre y se asoma el estuche, del estuche se asoman otros lápices. 

    La libreta negra tapizada en cuero se comienza a sacar el plástico que la envuelve, luego se saca el elástico que la mantiene y le dice al lápiz -Ven-. Este, de manera torpe se quita su sombrero y se posa sobre ella. El proceso de escribir comienza, pero ella no disfruta, es más, no siente nada. Por lo que le pregunta al lápiz "qué pasa". Todos los demás comienzan a reír, y justo en ese instante, el lápiz se da cuenta que se le secó la tinta.

martes, 28 de julio de 2020

Extraño de libertad

Encerrado en cuarentena por la nueva peste,
ambos tenemos pena pero debemos ser fuertes.
Te pienso, te veo y te siento, pero no como siempre,
a través de la pantalla no aprecio bien el tenerte.
Te extraño y extraño me siento;
por no tocarte, besarte, y leerte.
Extraño tener pruebas y antes,
mi beso de buena suerte.
Pensar en juntarme contigo,
es lo único que me mantiene fuerte.
Imaginarnos como amigos y novios y confidentes.
Tu sabes que tomaría mi bicicleta y pedalearía hasta verte.
Pero si los pacos me pillan,
el virus no sería quien me provocaría la muer...
Te extraño, te extraño, te extraño, por ende...
Te dedico este poema,
extraño la libertad de tenerte.

jueves, 16 de julio de 2020

Días grises

A veces,
me dan ganas de mandar todo a la mierda.
Audífonos y capucha,
caminar pateando piedras.

Digo puras mierdas
porque mi cabeza no piensa.
Tropiezo con lo que pateo,
hasta que no aprenda.

Prenden mis ojos al fuego vivo,
rojos por el llanto.
En el abismo doy vueltas, y me doy cuenta...
no era para tanto.