lunes, 3 de junio de 2019

Vacaciones

Después de varias horas jugando en la arena, el niño decide levantarse.
Son las 15 en punto y el sol está en su máximo esplendor. El pequeño lo mira con el ceño fruncido, y alrededor se le pueden ver manchas blancas producto del bloqueador, ese que tan fastidiosamente su madre le aplicó una hora antes.
Sus manos (como las de todo niño) se encuentran pegajosas y la arena está adherida a ellas, las sacude y al no obtener resultado, jala desde una punta el vestido de la madre, haciendo un gesto y apuntando al mar. La señora ni se inmuta, pero el pequeño ve claramente como su madre hace un gesto de "ve, juega y disfruta". Enseguida, el niño se levanta y pasa sobre las piernas del padre, quien se encuentra tomando sol boca abajo. El pequeño comienza a correr, abriéndose paso entre la multitud de gente que hay, hasta que llega a la orilla del mar.
En verano el Litoral Central siempre está lleno, con centenares de extranjeros deambulando y diversos tipos de familias, sin embargo, hay algo mayoritariamente común: todos los adultos están bañándose con sus hijos.
La brisa marina le rocía el pelo, el viento lo despeina, el agua moja sus tobillos y de vez en cuando alcanza sus rodillas. Un niño de cinco años a orillas de un despiadado mundo.
Mirando con sus ojos bien abiertos, con un brillo especial, se da cuenta. Se siente atraído. Avanza entre la multitud, el agua comienza a llegarle al ombligo.
La gente no ve nada. Los padres despiertan. Gritan su nombre con desesperación. Se culpan entre ellos y lloran, lloran a más no poder.
El niño se sentía atraído. La gente no vio nada.
Mientras los padres dormitaban, el tiburón se lo llevó.


lunes, 22 de abril de 2019

Santiago es

Sucio, gris, políticos, pacos.
Gritos, prisa, marchas, guanacos.
Edificios, bloques, autos, atascos.
Mañanas, días, noches, asaltos.
Metros, micros, malos tratos.
Acoso, abuso, violencia, asco.
Calles, graffitis y perros ladran.
Esto es Santiago, en menos de cien palabras.

domingo, 21 de abril de 2019

Rumble in the jungle

Selva, vegetación, lago, verano, amigos. ¿Algo mejor?, nada mejor. Todo es tan lindo, y la felicidad se percibe en el ambiente, disfrutando con mis mejores amigos mientras escuchamos a los “Beach boys”.
Siento como si fuésemos aborígenes tratando de escalar los árboles en busca de bananas, o corriendo mientras jugamos a tumbarnos.
Somos los reyes de la selva, nada puede contra nosotros, es más, si alguien se pusiera a grabar en este preciso instante, perfectamente esto podría ser la escena de una película de Hollywood.
Un momento…  ¿En dónde estamos? ¿De dónde apareció esta selva?... Bueno, son míseras preguntas que no me arruinarán el momento.
No rain” suena en la radio, y la escucho como nunca lo había hecho. Sin saber inglés entiendo todo. Tengo que disfrutar mi vida, que la juventud solo se vive una vez. Eufóricos por la canción -All I can say, is that my life is pretty plain…- lo siento, me distraje, ¿En qué estaba? Ah… claro. Estamos eufóricos, y queremos hacer algo nuevo, algo arriesgado para así sentir como la oxitocina sube por nuestro cuerpo.
¿Saltamos?, si o no. Hermano escúchame, quizás nunca más en nuestra vida volvamos a este lugar. ¿Te acuerdas cuándo en Isla me tiré un clavado al mar y casi me quiebro la columna?, hoy deberíamos hacer lo mismo, o sea sin el casi rompernos la columna.
Dale, a la cuenta de tres… uno… dos… tres! Carpe Diem.
El agua rodea mi cuerpo, estoy tan adentro que me siento como un pez, un pez bajo el agua. ¿Y mis amigos? No los veo, no están por acá. Me estoy preocupando, quizás debería ir a la superficie a buscarlos… No puedo, el agua se vuelve cada vez más densa, pudo sentirlo en cada movimiento que hago. Incluso ya no puedo ni respi…
 -Por la mierda, Ignacio. No es la primera vez que te pasa esto, por lo mismo no me gusta que te des baños de tina!- Grita alterada.
 -Ya, mamá.-

Desde mi ventana

Días de verano, noches de insomnio. Contemplando desde la ventana de mi pieza la gran ciudad. Los pequeños puntos de luces iluminan tenuemente, por lo que mantengo la luz apagada. En estas noches, la oscuridad es mi fiel compañera.
Calles vacías y un silencio de muerte, ese es el panorama de la zona central de Santiago, y es comprensible, ni siquiera un idiota caminaría por ahí pasada la media noche, a menos que seas delincuente. En ocasiones, uno puede ver varias ambulancias correr, algunas tan rápido que cruzan los semáforos en rojo sin siquiera detenerse.  Noches rutinarias de una vida monótona.
Desde lo alto de mi departamento escucho gritos, gritos de auxilio en las calles, las balizas de la ambulancia sonando, gente acercándose. Yo también lo hago, y me veo a mi mismo, tirado en el pavimento, me han asaltado y todo está en tonos grises y rojos.
Me voy caminando, guiado por la luz del alba.