Días de verano, noches de
insomnio. Contemplando desde la ventana de mi pieza la gran ciudad. Los
pequeños puntos de luces iluminan tenuemente, por lo que mantengo la luz
apagada. En estas noches, la oscuridad es mi fiel compañera.
Calles
vacías y un silencio de muerte, ese es el panorama de la zona central de
Santiago, y es comprensible, ni siquiera un idiota caminaría por ahí pasada la
media noche, a menos que seas delincuente. En ocasiones, uno puede ver varias
ambulancias correr, algunas tan rápido que cruzan los semáforos en rojo sin
siquiera detenerse. Noches rutinarias de
una vida monótona.
Desde
lo alto de mi departamento escucho gritos, gritos de auxilio en las calles, las
balizas de la ambulancia sonando, gente acercándose. Yo también lo hago, y me
veo a mi mismo, tirado en el pavimento, me han asaltado y todo está en tonos
grises y rojos.
Me
voy caminando, guiado por la luz del alba.
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